10.10.13

School of skulls




Hablando ayer con Dublín y Valladolid, amigos dispersos por cuestiones laborales y con los que formo un triángulo muy especial, me surgió una duda. 

¿Existe la obsolescencia programada en el amor?

Sí, me refiero a comparar el sentimiento más representado en cualquier arte con un producto cualquiera de la estantería. Con su precio y su fecha de caducidad. No podemos negar que hemos crecido en la generación de "usar y tirar". ¿Nos conformamos con cualquier cosa? Yo creo que no. Ansiamos conocer cada una de las características de algo antes de comprarlo. Y yo me pregunto, ¿no hacemos eso con la persona que podría formar parte de nuestra vida? Analizamos cada uno de sus detalles perceptibles a simple vista, como el packaging de un producto. Los que no son tan visibles también podemos conocerlos con un poco de investigación 2.0. o 3.0. Es igual, me perdí hace tiempo con el numero que va delante del punto. 
A lo que iba. Cuanto más atractivo sea, mayores serán las ganas que tengamos de acercarnos y saber más de él. O incluso de probarlo. No te gusta el color. "No te preocupes. Lo tenemos en verde, azul y amarillo. Nos falta el rojo, pero lo podemos pedir si estás interesado. Tarda una semana". Qué irónico ¿no? Porque seguro que todos hemos escuchado eso de: "no me gusta cómo viste, pero eso se puede cambiar" o "ya se puede quitar ese pendiente que no me hace ninguna gracia". Todo es posible. A gusto del consumidor. 
Ahora bien, aquí hay algo que falla. Y es que no todo es comparable con los derechos básicos del consumidor de a pie. ¿Dónde está la garantía? No conozco a nadie al que le hayan sellado ese papelote que arrugas y guardas durante dos años por si la cosa no va bien. ¿Es que nadie va a garantizarte que la cosa siempre irá bien? Menuda estafa. Ya no lo quiero. Tengo miedo de que se me estropee. 

Aún así. Imaginemos por un momento que la garantía, ese ticket inexistente del que hablamos, es el mágico estado de enamoramiento que no podemos evitar nos arrastre. Sí, vamos a suponer que ese es nuestro sello. Al pasar los dos años de rigor, nos entra pánico.  Como os decía, nos han enseñado a usar y tirar. Aquí viene la gran pregunta ¿Es mejor comprar algo nuevo o intentar arreglarlo?Lo segundo supone esfuerzo, tiempo y una cuantía económica quizás mucho mayor que pasar de nuevo por la caja. 
En definitiva, extrapolamos el consumismo de una generación cash & carry a las relaciones personales. Las convertimos en fugaces y les expropiamos ese sabor de película romántica que luego tanto nos gusta admirar en la pantalla. 

Para los que ansíen llevarse el sentimiento a toda costa, siempre existe esa cesta de ofertas de la que seguro pueden rescatar algo. Y es que remitiéndome al refranero español, "siempre hay un roto para un descosido".

El resto de confusos y almas errantes, podéis escapar por la "salida sin compra".











Sudadera sin mangas - Suiteblanco
Pantalón - Zara
Cinturón - Zara
Deportivas - Fred Perry
Gafas - Rayban


Os deseo un buen día. Gracias por leerme.


Besos como quesos!!